Visita a la nevera a las tres y veinticinco a.m.

El frío es muy tenaz, no desfallece.
Se agazapa con su cuchillo voraz bien afilado
tras una esquina de febrero
o en una carta manuscrita.
En otras ocasiones
su guarida secreta es una foto
o una calle perdida de nombre muy común.

El frío aguanta, imperturbable,
es capaz de esperar sin descubrirse.
Al final siempre una garganta
desabrigada, sola,
despistada y confusa
pasará por sus gélidos dominios.

Entonces hunde su metálico colmillo
en la carne más tierna
e inyecta el invierno
hasta que el cuerpo cae petrificado
sobre el sofá o un plato de ensalada
que ayer no quiso nadie.

 

Por qué no limpio los cristales

Los cristales limpios me parecen faltos de personalidad,
domesticados, forzados a la inexistencia
de delimitar lugares,
sin huellas dactilares que les identifiquen,
como los asesinados,
instigados al delito
de no mostrar la realidad
tal como es.


Mercado de valores

La dignidad ha descendido cuatro puntos,
ha cerrado a la baja nuevamente;
comentan los expertos
que su alza tardará entre ocho y nueve siglos.

El odio, sin embargo, ha repuntado,
su precio está subiendo como espuma
a pesar de su hedor a alcantarilla
y de la facturación tan costosa que conlleva.

Por desgracia el amor se mueve poco,
al inversor le cuesta decidirse:
no parece apostar por las caricias
—la ganancia es corta, poco segura
y a medio o largo plazo—

En resumidas cuentas,
no ha habido variaciones reseñables
en la cotización del homo sapiens.

Cuestión de tiempo

Tarde o temprano llega el día
que uno se recuesta en su memoria
en busca de un lugar menos baldío
donde recuperar algo de aliento
para continuar con el combate.

Tropezamos en esta travesía
con los recuerdos dignos de mención,
sorprendentes anécdotas,
portentosas hazañas,
sucesos importantes que definieron nuestro rumbo;
incluso, aunque polvoriento por el tiempo transcurrido,
el minuto de gloria.

Sin embargo
deja regusto amargo este trasiego:
de que fuimos felices algún día
solemos darnos cuenta siempre tarde.


Músicos callejeros

Canto rodado en pasos subterráneos
y cruces de calles concurridas,
voz afinada en fiestas de pueblo
y transbordos de línea.
Público sonámbulo, exigente,
sin aplausos, sin sonrisas.
Instrumentos de segunda mano,
escenario de baldosas siempre frías
y algunos pares más de calcetines.
Calor de calderilla
hasta el carajillo
en el bar de la esquina.

Corto (o largo) circuito

Ojear un calendario venidero
es observar un circuito de carreras
desde el último asiento de la grada.

En un primer golpe de vista
se nos muestra liso y uniforme,
de fácil recorrido,
sin riesgos de accidente ni grandes exigencias.
A los ilusos e inexpertos
puede que parezca hasta bonito.

Pero cuando al fin nos arrojamos a su asfalto,
nos vamos adentrando en sus curvas y “chicanes”,
respiramos su olor a neumático quemado
y el sabor a gasolina nos sacude,
comprobamos que febrero, aunque corto,
suele ser resbaladizo,
que hay días como lustros
y horas de cuchillo entre los dientes;
que el peralte de una semana en mayo
ha sido diseñada por un sádico ingeniero;
que hay miércoles con baches
y los sábados derrapan;
que el piano desafina.

Y la sorpresa mayor que nos llevamos
es que siempre hay un boquete en plena recta
—jamás lo hubiéramos previsto—
que nos arranca de cuajo la soberbia
de creernos con destreza suficiente
para salir impunes de la vida.


Lección de futbolín

A Jesús Pardo, “el Galli”.

1.- Nivel principiante:
Para ser especialista en este arte primero hay que exiliarse en el silencio—que hablen el hierro y la madera—y dejar que el oído se acostumbre al impacto de la bola con las tablas sin que se nos escape el parpadeo con que el ojo tiende a protegerse de un tornillo desprendido o una astilla. Esta primera fase del entrenamiento dura lo que tarda en superarse la muerte de un amigo.

2.- Nivel aficionado:
Se hace imprescindible que crujan los tendones de la mano y jamás perder de vista la jugada aunque la luz del fluorescente, el humo y el cansancio nos cieguen las muñecas.

3.- Nivel competitivo:
Se debe mantener el pulso frío cuando cientos de derrotas observan la partida. Esto se consigue cuando las nuestras pesan tanto como aquellas.

4.- Nivel profesional:
Se hace preciso, para llegar a ser alguien en el juego, pedernal tras las costillas, rabia de sobra y la puntería que sólo proporciona haber perdido mucho desde niño.

5.- Nivel ganador:
No deben aspirar los vencedores a premios sustanciosos, tal vez a que les llamen por su nombre y quede sepultado en el olvido, a base de victorias, su apodo de extrarradio.


Descripción del héroe

Un héroe es alguien que madruga y mientras desayuna
se traga, con el café y las magdalenas, las razones
por las que podría matar a más de uno.

Cuando el invierno impone su estatura
cubre sus mejillas con los besos de sus hijos;
luego asciende a un andamio o friega una escalera
haciendo de la invisibilidad un arte.

Si se le desconchan los dedos,
se le cortan los labios o descarrila a la hora del almuerzo
bebe un sol y sombra o compra el Marca
y recose a punta de silencio
los retales de su vida. Y vuelta al tajo.

Ya de camino a casa
cabecea en el transporte público
y sueña
—la pierna dormida por la mala postura—
que mañana vendrá el vagón un poco más vacío.